El cambio de mentalidad y concepción sobre lo que significa salud nos viene acompañando
desde siempre. Actualmente existe una intención de eliminar o disminuir el enfoque biologicista y
biomédico, es decir, el que entiende a la salud como ausencia de enfermedad. Este intento de
despojo, se basa en evidencias científicas (ya sea desde las ciencias naturales, las sociales y del
comportamiento).
Una demostración tangible de esta realidad pueden ser las modificaciones existentes en el
nuevo plan de estudios (2008) de la carrera Dr, en Medicina (Universidad de la República, de Montevideo, Uruguay), que profundiza mucho más
en la promoción y prevención en salud, así como en la salud abordada desde el primer nivel de
atención.
Respecto a la mirada biologicista, quiero señalar algunos factores que restringen su validez.
Salud no es ausencia de enfermedad, y a su vez presencia de enfermedad no significa “no estar
sano”. Un ejemplo sobre este punto es el estado febril. Cuando un individuo presenta alta
temperatura corporal, se puede inferir que se trata de un signo o síntoma de algo venidero, es
decir, se trata de un indicador de que cierta enfermedad se podría estar generando. Esto permite
que el personal sanitario actúe previo a la aparición de la enfermedad, por lo tanto aquí, tener
fiebre (“enfermedad”) no significa “no estar sano”.
Existen otros aspectos que logran continuar con el despojo de la mirada biologicista.
El entorno
del individuo, ya sea social, psicológico, y ambiental, está demostrado que es influyente en el
estado de salud basal.
En síntesis, se debe decir que la concepción de salud ha logrado superar una realidad
restringida y estática, a otra mucho más abierta y dinámica, donde hay muchos factores que la
determinan, en mayor o menor medida.
A pesar de esta evolución, quiero destacar que lamentablemente, se sigue viendo a la salud
como algo que se limita a la dimensión biológica, algo observable, por ejemplo, cuando se
postula que la atención en el primer nivel es inferior en importancia a los niveles posteriores (como la medicina altamente especializada).
Esto va vinculado con las teorías dualistas, en las cuales la
mente es un elemento totalmente separado e independiente del cuerpo: La perspectiva
biologicista prioriza la explicación fisiológica/orgánica y deja de lado la dimensión psicosocial. Cuestiones como el cambio de mentalidad sobre la salud y la educación para la salud, hacen
que la distancia cuerpo-mente se haga más pequeña, aumentando así la gran relación entre
ambos elementos.
Anteriormente hice énfasis en la concepción de salud y las limitaciones de la mirada biomédica
o biologicista. Hablando ahora de la educación para la salud, quiero plantear que se trata de una
herramienta sumamente favorable para llevar a cabo en la infancia. En esta etapa evolutiva, el
individuo está “absorbiendo” todo aquello que pondrá en práctica, tanto durante su desarrollo
como individuo, así como en su maduración. Si estos proyectos se realizan en escuelas (como en
el caso del grupo de intervención al que pertenezco), se estará otorgando a los alumnos,
maestros, padres y comunidad involucrada en general, la capacidad de enriquecer su concepción
de salud, así como de aumentar sus habilidades para mejorar situaciones problemáticas, por
ejemplo, aumentando el conocimiento sobre ciertas conductas de riesgo, fomentando los vínculos
saludables e informando sobre los derechos como usuarios de salud. De aquí se desprende que
educar en salud es empoderar a una comunidad en sus puntos más débiles.
Surge la necesidad de reflexionar sobre la posible relación entre educación para la salud y
salud vista desde un enfoque integral.
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